lunes, 5 de enero de 2026

Dios en la quietud: mi forma de creer


 

Mi relación con Dios siempre ha estado ahí.
No perfecta. No constante. Pero viva.

Hay momentos en los que, por distracciones del entorno, por el ruido de la vida o por mis propios procesos, me olvido de Él. Aun así, cada noche regreso. Rezar antes de dormir se volvió un hábito, no por obligación, sino porque es el único espacio donde me siento verdaderamente escuchada.

No creo que Dios viva solo dentro de una iglesia.
Para mí, Dios está en el aire que respiro, en mi hogar, en las hojas de los árboles, en los pájaros que cantan, y muchas veces —sobre todo— en la quietud del silencio. Es ahí donde más conecto con Él.

En el silencio no hay máscaras.
No hay discursos aprendidos.
Solo verdad.

No siento que Dios quiera seguidores perfectos ni multitudes que repitan palabras. Creo que quiere creyentes conscientes, personas que se atrevan a abrirle el corazón tal como son. Personas que se animen a hablarle como a un amigo, como a un padre.

Hablarle de cómo fue el día.
De los miedos.
De las alegrías.
De los gozos.
Incluso de los logros.

Porque es un Dios de fe, un Dios que escucha, aun cuando somos humanos, aun cuando fallamos, aun cuando cargamos pecados. Errar es humano, y nadie está libre de ello. Lo importante no es la perfección, sino la intención de vivir con más conciencia, con más amor y con más verdad.

Claro que debemos intentar llevar una vida más saludable, más coherente con lo que sentimos y creemos. Pero equivocarnos no nos aleja de Dios; a veces, es justamente lo que nos lleva de regreso a Él.

Mi invitación no es a seguir una doctrina, sino a crear un hábito:
una oración por la noche,
una conversación sincera,
un momento de silencio.

Buscar a Dios como amigo.
Como padre.
Como presencia.

Respetando profundamente a quienes encuentran a Dios en la iglesia, porque cada camino es válido. Este es simplemente el mío.

Y en ese camino, he descubierto que Dios nunca se fue.
Solo estaba esperando que yo volviera a escuchar.

Con amor la autora.

Keila Reyes 

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