Renacemos cuando nos encontramos conectados con nuestras raíces agua, tierra, viento y cielo; abriendo así nuestra alma a nuestra fe a lo que realmente sentimos, al reflejo de nuestro mismo cuerpo como una naturaleza viviente y no como un organismo.
Porque es sólo de esta manera que comenzamos a ver la vida desde otra perspectiva y aprendemos a vivir más desconectados del mundo 3 D y nos enraizamos a nuestro propio ser.
Nos liberamos del peso de las expectativas de los demás y rompemos con el lazo que nos ata al sistema ordinario para vivir en paz en nuestro mundo extraordinario, porque es solo de esta manera que experimentamos la verdadera plenitud de nuestro interior y todo el ruido del exterior nos comienza a sonreír sin cesar.
La vida se vuelve menos pesada, menos ausente y comenzamos a liderar en nuestro presente sin ataduras, sin prejuicios y sin miedos; el que dirán queda en un segundo plano porque sólo tú y Dios tienen la posterad de gobernar.
Así que te invito hoy a caminar más liviano, menos ausente y más presente porque con la convicción de tener a Dios en tu vida nunca te pierdes al contrario vives eternamente en él.
Con amor la autora.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario