Hubo un tiempo en el que pensé que resistir, gritar, defenderme, y no dejarme caer era ser fuerte; creía que la intensidad era sinónimo de poder.
Pero realmente no es así hoy entiendo que mi verdadera fuerza es no reaccionar, es apartarme de las personas que no vibran conmigo.
La calma no es debilidad, no es silencio impuesto o no es resignación, la calma es conciencia es mirarme por dentro y no dejar que el caos externo gobierne lo que soy.
Es aprender a pausar antes de responder, es sostenerme incluso cuando el mundo parece desordenado, porque hay días en lo que todo a mi alrededor vibra tan bajo como las personas o las situaciones.
Y antes yo tenia miedo y me contaminada de las energías de los demás pero hoy en día ya no es así porque comprendí, que yo respiro, observo y me elijo a mi.
Elijo a no reaccionar desde la herida, elijo a no responder desde el miedo, elijo a no perder mi centro por lo que no puedo controlar y eso es poder.
Mi calma no significa que no sienta, significa que aprendí a no romperme por lo que sentí o siento, mi calma no es ausencia de tormenta es la capacidad de quedarme en paz bajo la lluvia.
Y justo ahí descubrí algo que nadie me había enseñado:
Ser calma en un mundo desordenado es el acto más valiente que existe, hoy ya no necesito demostrar nada a nadie, no necesito alzar la voz para tener la razón, no necesito pelear para hacerme fuerte.
Porque entendí que mi energía no la debo usar para eso, que mi energía es más importante y no merece ser utilizada para discutir con nadie.
Hoy mi fuerza no hace ruido, no se impone, no hiere, mi fuerza es silenciosa pero inquebrantable, mi calma es mi nueva forma de poder; porque Dios siempre ha estado y estará de mi lado.
Con amor la autora.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario