Hay dolores que no se dicen en voz alta.
Dolores que una mujer guarda en silencio durante años porque siente vergüenza, culpa o simplemente porque el mundo nunca le enseñó cómo hablar de ellos.
Yo también he cargado silencios así.
Durante mucho tiempo guardé en mi corazón decisiones difíciles, momentos que marcaron mi vida y recuerdos que me hicieron preguntarme muchas veces si fui lo suficientemente fuerte, si pude haber hecho las cosas diferente o si mi historia habría sido otra si hubiera tenido más valor en ciertos momentos.
Durante años mi mente volvió a esos recuerdos como si fueran una pregunta sin respuesta.
¿Por qué?
¿Por qué tuve que vivir ciertas cosas?
¿Por qué algunas decisiones pesan tanto en el alma?
A veces la vida no nos pone frente a caminos fáciles.
A veces tenemos que decidir desde el miedo, desde la incertidumbre o desde circunstancias que no dependen totalmente de nosotros.
Y durante mucho tiempo me juzgué con dureza por eso.
Pero con los años he comenzado a entender algo importante:
la mujer que fui en el pasado hizo lo que pudo con la conciencia, la edad y la fuerza que tenía en ese momento.
No era la mujer que soy hoy.
Hoy miro hacia atrás con otros ojos.
No con los ojos de la culpa, sino con los ojos de la comprensión.
Porque he aprendido que sanar no significa borrar el pasado. Sanar significa aprender a mirar nuestra historia sin destruirnos por ella.
Hay sueños que no llegaron a florecer.
Y hay momentos en los que sentimos que la vida nos arrebató algo que nunca podremos recuperar.
Pero incluso en medio de esas heridas, la vida también nos da algo más:
Hoy entiendo que mi historia no es solamente lo que perdí.
Mi historia también es la mujer que sigo siendo después de todo.
Una mujer que todavía cree en la paz.
Y que ha decidido dejar de castigarse por el pasado para empezar a tratarse con más ternura.
Si alguna vez has cargado decisiones difíciles en tu corazón, quiero que sepas algo:
Tu vida no se reduce a esos momentos.
Todos estamos aprendiendo a vivir.
Todos tomamos decisiones imperfectas.
Todos tenemos capítulos que nos duelen recordar.
Pero eso no significa que tu historia esté rota.
pero con el tiempo pueden convertirse en recordatorios de que seguimos aquí.
Respirando.
Creciendo.
Y eso también es una forma de renacer.
Dios te bendiga.
Con amor la autora.
Keila Reyes.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario