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sábado, 20 de diciembre de 2025

El cansancio de ser siempre la fuerte



Hay un cansancio que no se quita durmiendo.
Es el cansancio de ser siempre la que puede,
la que aguanta,
la que entiende,
la que se recompone rápido para no incomodar a nadie.

Ser fuerte se vuelve una identidad impuesta.
No porque quieras,
sino porque nunca hubo otra opción.

Fuiste fuerte cuando no te cuidaron.
Fuiste fuerte cuando tuviste que explicarte mil veces.
Fuiste fuerte cuando el dolor no tenía testigos.
Fuiste fuerte porque caerte no estaba permitido.

Y un día, sin darte cuenta,
ya no sabes cómo no serlo.

No sabes pedir ayuda sin sentir culpa.
No sabes descansar sin sentirte improductiva.
No sabes llorar sin pedir perdón.

Este cansancio no es debilidad.
Es saturación emocional.

Es el cuerpo diciendo:
“ya no puedo sostenerlo todo sola”.

Ser fuerte todo el tiempo también es una forma de abandono.
Porque te obligas a seguir incluso cuando lo que necesitas
es parar, apoyarte, dejar de demostrar.

La verdadera sanación no empieza cuando vuelves a levantarte,
sino cuando te permites no poder
sin sentir vergüenza por ello.

No tienes que ser ejemplo.
No tienes que ser inspiración.
No tienes que demostrar nada más.

Hoy puedes ser solo humana.
Cansada.
Vulnerable.
Suficiente.

Y si alguien se va porque dejaste de ser “la fuerte”,
entonces nunca estuvo ahí para ti,
solo para lo que dabas.

Descansar también es valentía.

Soltar la armadura también es sanar

Con amor la autora.

Keila Reyes