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domingo, 23 de noviembre de 2025

“La terapia no es para quien hiere, es para quien ya no quiere seguir sangrando”


 Hay algo que nadie quiere decir en voz alta, pero todas sabemos:

las víctimas vamos a terapia… y quienes nos dañaron casi nunca lo hacen.

Y no porque ellos estén “bien”, sino porque no les duele lo que hicieron. A nosotras sí. A nosotras nos arde, nos pesa, nos rompe y nos obliga a buscar respuestas para no hundirnos. Ellos siguen con su vida como si nada, porque vienen de una cadena larga: carencias, heridas no atendidas, falta de valores, patrones normalizados, traumas heredados… o simplemente porque eligieron la comodidad de no cambiar.

Y ahí está la diferencia.

Nosotras sanamos para no repetir. Ellos repiten para no enfrentar.

La raíz del problema es que todavía se cree que ir a terapia es para quien “está mal”, cuando la verdad es que es para quien quiere estar mejor.
Pero en esta sociedad rota, donde hay mujeres y hombres narcisistas, manipuladores, irresponsables emocionales y agresores disfrazados de víctimas, el que causa daño huye del espejo. La víctima corre a buscarlo.

Y eso es injusto.
Porque el mundo sería mucho más sano si quienes hieren tuvieran el valor de mirarse dentro y corregir su sombra. Si dejaran de andar tirando su dolor mal resuelto a otras personas. Si se hicieran responsables de lo que destruyen.

No sé si es moda, si es falta de educación emocional, si son vacíos que nunca se llenaron, si son enfermedades mentales no tratadas o si simplemente hay gente mala.
Pero sí sé esto:
si todos fuéramos a terapia, el mundo sería otro.
Más honesto. Más consciente. Más humano.

Al final, las víctimas vamos porque queremos cerrar ciclos.
Los narcisistas no van porque necesitan seguir abriéndolos.

Y mientras el problema no se ataque desde la raíz —educación emocional, límites, responsabilidad afectiva y terapia para TODOS— seguiremos viviendo en una sociedad donde los sanados cargan lo que los rotos se niegan a mirar.

Pero aquí estamos.
Nosotras sí vamos.
Nosotras sí nos miramos.
Nosotras sí nos hacemos cargo.
Y es por eso que, aunque duela, estamos en el camino correcto:
el camino de romper el patrón y no convertirnos en lo que nos lastimó.

Con amor la autora.

Keila Reyes