Durante mucho tiempo pensaba, que las almas se rompen cuando pasamos por procesos fuertes, como pérdidas amorosas o situaciones y circunstancias de adversidades, pero realmente comprendà algo y es que el alma no se rompe se transforman; el dolor no nos destruye, el dolor nos despierta.
Hoy puedo ver la vida desde una perspectiva completamente distinta porque mi conciencia cambió, mi forma de mirar el mundo cambió; antes frente a cualquier dificultad me hubiese derrumbado, quizás hubiera pasado dÃas llorando sin saber cómo salir de ese estado emocional; hoy ya no me quedo atrapada, hoy salgo adelante y busco soluciones.
Y sé que llorar es necesario porque a través de las lágrimas el alma se libera y se renueva es algo sumamente necesario para todo ser humano, porque quién no se permite llorar no se está permitiendo sentir y se reprime y eso solo enferma al alma, hoy yo enfrento a los problemas, aprendo de ellos y sigo mi camino.
El despertar espiritual me enseñó algo muy importante: el alma no está hecha para romperse, está hecha para evolucionar; cada herida me obligó a mirar más profundo dentro de mà y cada caÃda despertó en mà una intuición más clara y un discernimiento más agudo.
Hoy siento que mi alma está más despierta, más consciente, más verdadera; no significa que ya no sienta porque sigo siendo humana y a veces sigue apareciendo la irá, el resentimiento, el dolor o incluso la culpa porque son emociones que forman parte de nuestra experiencia como seres humanos, pero ahora las observo de otra manera.
Ya no me definen, ya no me gobiernan ahora solo pasan por mi y se transforman, porque sanar no significa dejar de sentir; sanar significa aprender a atravesar las emociones sin depender de ellas.
El despertar me enseñó algo más: mi alma no guarda rencor, aprendà que cargar odio solo prolonga el dolor y hoy les digo a esas personas que se aprovecharon de mi buena fe, que Dios los bendiga y que sólo él sabrá qué hacer con ellos porque sólo de Dios es la venganza, mientras tanto yo sigo con mi vida.
Hoy prefiero vivir desde la conciencia, a veces pienso que el alma es como el oro que para convertirse en oro puro, tiene que atravesar un fuego intenso o como un diamante que para formarse pasa por presión y entonces comprendo que tal vez todo ese fuego y esa presión no vinieron para destruirme sino a transformarme.
Hoy tengo la certeza de saber que mi alma no se rompió, se convirtió en algo más fuerte, más consciente, más despierta.
El dolor vino a convertirme en la mujer fuerte y resiliente que hoy soy, caminando de la mano de Dios.
Dios te bendiga.
Con amor la autora.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario