Hubo un momento en mi vida en el que entendà algo importante: no todo lo que parece bueno lo es y no todo lo que parece oscuro necesariamente viene para destruirnos. Ahà fue cuando comencé a desarrollar algo que hoy considero un superpoder espiritual: el discernimiento.
El discernimiento no es juzgar, tampoco es desconfiar de todo, el discernimiento es la capacidad de sentir, observar y comprender lo que realmente está detrás de las palabras, de las intenciones y de las situaciones.
Es esa voz interna que nos dice: esto si y de aquà es mejor alejarse, antes yo confundÃa amor con tolerarlo todo; pero el despertar espiritual me enseñó algo distinto: Dios también nos dio inteligencia espiritual para distinguir.
El discernimiento empieza a despertar cuando decides escuchar más profundamente.
Cuando ya no solo escuchas lo que alguien dice, sino la energÃa con la que lo dice cuando observas acciones y no sólo promesas, cuando sientes paz en unas personas y una comodidad inexplicable en otras; y esa incomodidad también es información.
Muchas veces el alma percibe lo que la mente todavÃa no entiende, con el tiempo aprendà que el discernimiento te protege de muchas cosas: de manipulaciones, de falsas apariencias, de relaciones que drenan tu energÃa y de caminos que no están alineados con tu propósito.
No es un poder mágico, es un músculo espiritual que se fortalece con la experiencia, el silencio interno y la conexión con Dios, cuando desarrollé discernimiento algo cambió dentro de mÃ; ya no necesitamos convencerá nadie de tu verdad.
Ya no necesitas quedarte donde tu alma sabe que no pertenece, simplemente ves más claro y cuando ves más claro también elegimos mejor.
Por eso hoy lo entiendo asÃ: el discernimiento no es dureza, es sabidurÃa, no es frialdad es protección y no es desconfianza, es amor propio guiada por la luz de Dios. Porque cuando el discernimiento despierta tu espÃritu aprende a caminar por la vida con los ojos del alma abiertos.
Dios te bendiga.
Con amor la autora.
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