Hubo un tiempo en el que mis días antes pasaban más rápido, porque yo vivía en automático.
Me levantaba, cumplía con mis obligaciones, mis responsabilidades y el día terminaba sin que yo hubiera notado todo lo que existía a mi alrededor, ya que desde muy joven no tenía casi contacto visual con nada ni con nadie y así fui creciendo hasta convertirme en la mujer que hoy en día soy.
Pero algo dentro de mí cambio, luego de pasar por un despertar de conciencia y espiritual; hoy veo los matices del día a día con los detalle que antes eran invisibles ahora tienen una presencia casi sagrada.
Tan simple como admirar un atardecer, caminar en la naturaleza, ver a los pájaros volar, admirar las nubes y visualizar el azul del cielo; tan majestuoso como escuchar el sonido del viento moviendo a las hojas, la forma en la que la luz del sol entra por una ventana y la calma que se siente en un instante de silencio.
Antes todo eso estaba ahí, pero yo no lo notaba porque estaba distraída con el mundo 3D y sus ruidos; ahora entiendo que la vida no sólo ocurre en los grandes momentos porque también se vive en los pequeños detalles: en una mirada, es un respiro profundo y en el simple hecho de estar aquí en nuestro presente.
Y es que cuando comenzamos a despertar por dentro el mundo exterior también comienza a hacerlo y se presenta antes nuestros ojos. Entonces los días dejan de ser rutinas repetidas y se convierten en una experiencia llena de oloros y matices; es como si la vida dijera suavemente:
"Siempre estuve aquí... solo necesitabas aprender a mirar."
Hoy camino sin miedos más despacio y admirando el camino, no porque el tiempo se haya detenido, sino porque ahora entiendo que cada instante tiene algo que enseñarme; y es en esos pequeños detalles de la vida donde encuentro una paz que yo no conocía.
Así que si hoy sientes que tu vida va rápido solo detente un instante respira y comienza a admirar sus matices.
Dios te bendiga.
Con amor la autora.
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