Durante mucho tiempo creí que sanar significaba aceptar en silencio, aguantar seguir adelante como si nada hubiera pasado. Creí que amar era tolerarlo todo, incluso aquello que me lastimaba, pero con el tiempo entendí algoque cambió por completo mi forma de verla vida: sanar no es un actode debilidad. Sanar es quizás, el acto más revelador de amor propio que una persona puede tener.
Para mi sanar ha sido reconstruirse desde adentro, ha sido volver a mirarme con compasión, amarme con más conciencia, valorarme y priorizarme; sanar también ha significado aceptar mi historia completa, cada imperfección de mi vida y cada decisión buena y cada error.
Cada momento en el que permití cosas que no debía permitir cada situación que toleré creyendo que eso era amor, pero sanar me enseñó algo que antes no entendía: amar no es aguantarlo todo, amar tampoco es perderse a uno mismo para sostener a otros, sanar me devolvió la claridad para comprender que poner límites también es amir propio.
Que alejarse de personas, situaciones o circunstancias que hieren nuestra dignidad no es egoísmo es respeto hacia uno mismo.
Contrario a los que muchos creen, sanar no me hizo frágil, sanar me liberó, me liberó de ideas limitantes que no eran mías, de miedos que me habían enseñado a cargar, de pensamientos negativos que ne mantenían pequeña y de todas esas creencias impuestas por un mundo que muchas veces intenta moldearnos en alguien que no somos.
Sanar me devolvió a mí y me permitió mirar hacia atrás para comprender mi historia, pero también mirar hacia dentro para reconocer que parte de mi todavía necesitan atención, amor y reparación. Porque sanar no es un destino final, es un camino constante de conciencia, crecimiento y transformación hoy tengo claro: sanar no nos hizo débil, sanar me hizo libre.
Dios te bendiga.
Con amor la autora.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario