Mi proceso de sanación me está llevando a un lugar que durante mucho tiempo evité: la infancia.
No para culpar, sino para comprender.
Hoy reconozco que muchas de las heridas que creí “normales” nacieron ahí. En el sentirme excluida, diferente, no del todo vista. En aprender muy temprano que mi valor parecía medirse por lo que daba, por lo que resolvía, por lo que aportaba, incluso económicamente. Ayudé, sostuve, estuve… y aun así, muchas veces me sentí sola dentro de mi propia familia.
Con el tiempo entendí algo doloroso: cuando normalizas de niña que el amor viene acompañado de exigencia, de uso, de silencios, es fácil repetirlo de adulta. No porque quieras sufrir, sino porque ese lenguaje emocional se vuelve familiar.
Hoy puedo ver con claridad los patrones que repetí en mis relaciones amorosas. Cómo toleré abusos, manipulaciones y desbalances emocionales porque nunca aprendí a poner límites. No porque no supiera amar, sino porque amaba demasiado… incluso a costa de mí.
Y aquí viene una verdad que me costó aceptar:
mi esencia es el amor.
Yo siento profundo, entrego de verdad, creo en el vínculo, en el cuidado, en el corazón. Y no, no me avergüenza decirlo, aunque suene cursi en un mundo que se protege sintiendo poco.
Lo difícil ha sido entender que esa esencia, cuando no está acompañada de límites, se vuelve terreno fértil para personas manipuladoras. Personas que toman sin dar, que se aprovechan de la sensibilidad ajena, que confunden amor con disponibilidad infinita.
A veces pienso que incomodo.
Que mi forma de sentir les recuerda lo que ellos no han querido mirar, sanar o construir en sus propias vidas. Y eso duele, pero también libera.
Hoy mi sanación no busca endurecerme ni apagar mi corazón. Busca algo más justo: aprender a amar sin abandonarme. Honrar mi ternura sin permitir que vuelva a ser usada. Reconocer que no todo el que recibe mi amor sabe cuidarlo.
Estoy sanando heridas antiguas, rompiendo lealtades invisibles, y aprendiendo que poner límites no me vuelve fría: me vuelve consciente.
Sigo siendo amor.
Pero ahora también soy raíz, voz y dignidad.
Con amor la autora.
Keila Reyes



__Colores%20neutros_%20beige,%20gris%20claro,%20tonos%20tierra__El%20entorno%20detr%C3%A1s%20ligeramente%20desenfocado%20(.jpg)
