lunes, 9 de marzo de 2026

La soledad me enseñó a convivír conmigo misma


Cada vez que mi alma atraviesa por un despertar espiritual, mi cuerpo y mi mente se alinean con la divinidad y comienza un silencio interno que también se nota externamente; es decir Dios comienza a mover a personas de mi vida y yo a través de la intuición y el discernimiento comienzo a leer las energías y vibras de las personas a mi alrededor, empiezo a ver a las personas sin ese velo que antes me impedía mirar más allá del físico, ahora logro ver las claras intenciones de cada persona; entonces es cuando comienza esta verdadera soledad en mi vida.

Una soledad selectiva porque ya no vibro con las personas con las que anteriormente formaban parte de mi círculo amistoso, familiar o incluso de parejas; porque mi conciencia se despierta mientras la de ellos sigue estando dormida.

Está soledad viene para recordarme que debo priorizarme y empezar un verdadero romance conmigo misma, porque durante mucho tiempo siempre estuve presente para todos menos para mí; entonces es cuando Dios va limpiando mi camino para hacer espacio a las nuevas bendiciones y para las personas realmente sanas que merecen entrar a mi vida y vibrar con mi alma.

Me di cuenta de que realmente a la única persona que siempre estuve esperando era a mí misma, porque cuando el ruido del exterior nos trata de distraer nuestra alma se desconecta y comenzamos a vivir para los demás y no para nosotros mismos.

Es por esto que Dios nos aísla del mundo para que podamos reflexionar y poder ver la vida desde otra perspectiva

Así que, si hoy te sientes solo, no lo estás porque Dios está colocando todo en su lugar.

Dios te bendiga. 
Con amor la autora. 


domingo, 8 de marzo de 2026

La escritura me sostuvo en medio de mi despertar espiritual. cuando todo pesaba


En medio de mi silencio, el susurro de mis palabras me reconfortaron, me dieron paz y dirección cuando todo en mi vida pesaba, cada oración me elevaba, cada frase me brindaba calma y mi escritura en medio de mi despertar espiritual se volvió mi refugio más sagrado y seguro.

El poder expresarme de manera genuina y auténtica me sostuvo cuando parecía estar sola aunque siempre Dios ha estado en mi vida. Mi escritura se convirtió en mi propósito de vida, porque a través de ella yo sanaba mi alma y ayudaba a otras más. 

Transitar la vida a través de párrafos se convirtió en mi nueva fuente de alegría,  descubrí que cada vez que escribía mi energía interna crecía, me volvía más sabía, veía la vida con más claridad y la vida misma me sonreía. 

El don de escribir me salvo la vida y me ayudo de salvar miles de almas que necesitaban ser vistas y escuchadas, Dios direcciono mi camino y hoy voy por la vida con una firmeza de saber quién realmente soy y cual es mi verdadero propósito en esta vida.

Cuando despertamos espiritualmente nuestra conciencia se renueva, los viejos patrones se deshacen y la percepción de ver la vida cambia; ahora sabemos lo capaces que somos y cual es nuestro llamado. El mío está muy claro nací para escribir, para guiar y para sanar a través de mi escritura. 

Hoy estoy convencida de que mi misión es sanar a muchos corazones que hoy piden alivio y a través de mis libros y escritos que mi luz acompaña a cada uno de ustedes, soy ese faro que vino a iluminar con mi esencia el camino en medio de la oscuridad. 

Mi escritura no solo me sostuvo a mi cuando todo pesaba, sino que también me enseñó a ser la guía para ayudar a los demás. Ahora me siento más en armonía conmigo misma, descubrí que mi verdadera fortaleza siempre ha vivido dentro de mí, que mi luz es sanación y que ser auténticamente yo es todo lo que está bien. 

Así que si hoy sientes que no todo está bien en tu vida, toma una pausa, respira, toma un cuaderno y comienza a escribir para sanar tu historia y relajar tu mente.

El poder de tu luz vive dentro de ti.

Dios te bendiga. 
Con amor la autora. 


La batalla entre el bien y el mal


Hay una batalla que no siempre vemos, pero que se libra todos los días. No ocurre únicamente en el mundo exterior, en las noticias o en las historias antiguas. Esa batalla también sucede dentro de cada uno de nosotros. 

Es la eterna lucha entre el bien y el mal, durante mucho tiempo pensé que el buen y el mal eran fuerzas lejanas, casi como personajes de una historia. 

Pero con el tiempo entendí que esa lucha también vive dentro de cada uno de nosotros , ya que cada pensamiento, cada decisión y  cada reacción puede inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro.

El bien suele manifestarse en forma de calma, empatia, verdad y amor. Es esa voz interna que nos invita actuar con conciencia a no herir, a comprender antes de juzgar y a actuar con bondad. El bien no siempre grita, muchas veces acompaña y susurra. 

El mal en cambio, suele aparecer cuando dejamos que el miedo, el ego, los celos, la envidia y la ira tomen control. Y no siempre se presenta de manera evidente, a veces se disfraza de justificación,  de orgullo o de resentimiento.

Desde este punto de vista he aprendido que la verdadera batalla no se gana luchando contra el mundo, sino aprendido a reconocer esas fuerzas dentro de cada uno de nosotros. 

Cada día tenemos la oportunidad de elegir, elegir con paciencia en lugar de enojo, elegir perdonar en lugar de guardar rencor, elegir la verdad en lugar de la mentira. 

No somos perfectos y eso también es parte del proceso humano, habrá momentos en los que la oscuridad parezca más fuerte; pero incluso en esos momentos existe algo más poderoso que es nuestra conciencia y la claridad. 

Cuando somos conscientes de nuestras acciones y pensamientos comenzamos a fortalecer el lado luminoso de nuestra esencia, el bien no siempre gana porque el mundo sea perfecto; el bien gana cuando nosotros decidimos actuar desde la luz en medio de la oscuridad. 

Y quizás ahí está el verdadero despertar, comprender que cada uno de nosotros tenemos el poder de alimentar esas dos fuerzas porque todos tenemos libre albedrío

Al final la batalla entre el bien y el mal no se decide en grandes escenarios, porque se decide en el corazón de cada uno de nosotros. 

Con amor la autora. 




viernes, 6 de marzo de 2026

Cuando el velo se levanta, el día que comencé a ver diferente


Hubo un momento en mi vida en el que algo cambió, no fue un ruido fuerte, no fue un evento extraordinario, fue como más bien si lentamente un velo invisible comenzará a levantarse frente a mis ojos.


Antes caminaba por la vida creyendo todo tal cual como se presentaba, confiaba sin cuestionarme demasiado, aceptaba muchas cosas como normales incluso como cuando dentro de mi algo susurraba que no lo era.

Pero el día que el velo se levantó algo dentro de mí se despertó, comencé a mirar al mundo con otra conciencia, noté que no todas las personas vibran desde el amor, que algunas sonrisas esconden máscaras y que muchas personas viven actuando papeles que nisiquiera ellas saben o comprenden.

Al principio fue desconcertante porque cuando empiezas a ver todo con tal claridad también comienzas a notar cosas que antes no veías y algunas de ellas duelen.

Pero también ocurre algo maravilloso en todo esto y es que empiezas a reconocer la verdad,  cuidas tu energía y comienzas a escuchar a tu intuición

El velo no siempre se levanta para mostrar algo oscuro, también se levanta para que puedas ver la luz con más claridad. 

Empiezas a ver las almas genuinas, a bondad auténtica, los pequeños milagros del día a día y desde ese momento ya no pude volver a ver al mundo de la misma manera todo en mi perspectiva había cambiado ahora estaba totalmente despierta.

Y entendí que despertar no significa volverse superior a nadie, significa simplemente comenzar a ver la vida con los ojos del alma.

Dios te bendiga. 
Con amor la autora.

Creci el día que deje de exigirme estar bien todo el tiempo


Durante mucho tiempo pensé que ser fuerte significaba no romperse, que siempre debía demostrar estar bien; pensaba que madurar es saber mantener siempre una sonrisa aunque el mundo pesará.

Me exigía estar todo el tiempo tranquila, si algo me dolía lo callaba, si algo me cansaba lo ignoraba y si algo me quebraba  yo trataba de arreglarlo rápidamente para que nadie notará la tristeza que había en mi. 

Pero llegó un día en el cual entendí algo que cambió mi forma de verme, crecí el día que al fin dejé de exigirme estar bien todo el tiempo; crecí también el día que reconocí que hay días grises, que el alma al igual que el cielo tiene tormentas, que hay momentos en los que simplemente a veces no estaremos bien y eso también es vivir. 

Aprendí que sanar no significa estar fuete siempre, significa ser honestos con nosotros mismos; hay días en los que soy calma pero también hay días en los que soy cansancio, dudas, nostalgia o silencio y está bien. 

Porque crecer no es volverte invencible es aprender a abrazar nuestras propias rupturas emocionales sin sentir vergüenzas de ellas, es amar cada cicatriz y curarlas con amor y honestidad. 

Hoy ya no me exigió estar bien todo el tiempo, hoy me permito ser, sentir, respirar, pausar y volver a comenzar. 

Porque entendí que la verdadera fortaleza no se trata de aparentar estar bien cuando no lo estamos, sino que está en tener la valentía de aceptar que somos humanos y tenemos derecho a sentir y que incluso en nuestros días más vulnerables también estamos creciendo. 

Así que si hoy te sientes que el sentir te hace frágil estás equivocado porque es lo que te hace verdaderamente fuerte, el sentir es un poder que no todos se permiten tener por querer pretender ser fuerte todo el tiempo. 

Con amor la autora.