jueves, 12 de marzo de 2026

Sanar no me hizo débil, me hizo libre


Durante mucho tiempo creí que sanar significaba aceptar en silencio, aguantar seguir adelante como si nada hubiera pasado.  Creí  que amar era tolerarlo todo, incluso aquello que me lastimaba,  pero con el tiempo entendí algoque cambió por completo mi forma de verla vida: sanar no es un actode debilidad. Sanar es quizás, el acto más revelador de amor propio que una persona puede tener. 

Para mi sanar ha sido reconstruirse desde adentro, ha sido volver a mirarme con compasión, amarme con más conciencia, valorarme y priorizarme; sanar también ha significado aceptar mi historia completa, cada imperfección de mi vida y cada decisión buena y cada error. 

Cada momento en el que permití cosas que no debía permitir cada situación que toleré creyendo que eso era amor, pero sanar me enseñó algo que antes no entendía: amar no es aguantarlo todo, amar tampoco es perderse a uno mismo para sostener a otros, sanar me devolvió la claridad para comprender que poner límites también es amir propio. 

Que alejarse de personas, situaciones o circunstancias que hieren nuestra dignidad no es egoísmo es respeto hacia uno mismo.

Contrario a los que muchos creen, sanar no me hizo frágil, sanar me liberó, me liberó de ideas limitantes que no eran mías, de miedos que me habían enseñado a cargar, de pensamientos negativos que ne mantenían pequeña y de todas esas creencias impuestas por un mundo que muchas veces intenta moldearnos en alguien que no somos. 

Sanar me devolvió a mí y me permitió mirar hacia atrás para comprender mi historia, pero también mirar hacia dentro para reconocer que parte de mi todavía necesitan atención, amor y reparación. Porque sanar no es un destino final, es un camino constante de conciencia, crecimiento y transformación hoy tengo claro: sanar no nos hizo débil, sanar me hizo libre.

Dios te bendiga. 
Con amor la autora. 

Cuando los amores del pasado regresan, pero tu alma ya no vive ahí


Hay algo que sucede cuando comenzamos a sanar de verdad, cuando una mujer empieza a reconstruirse a mirar hacia dentro; a encontrar calma en su propia compañía,  el pasado a veces toca la puerta otra vez. No sé si es nostalgia, no sé si es curiosidad, no sé si es ego, pero sucede. 

Hace poco me escribió alguien que formó parte de mi historia hace más de veinte años atrás, hoy tiene su vida hecha: una familia, una pareja, hijos y aun así decidió buscarme; no voy a negar que en otro momento de mi vida eso hubiera generado preguntas.

¿Para qué? ¿Para recordar lo que ya quedó atrás? ¿Para abrir conversaciones que el tiempo ya cerró?

Pero esta vez fue diferente, ni siquiera me di la tarea de leer el mensaje, simplemente lo bloqueé y borré el chat, sin curiosidad, sin nostalgia, sin necesidad de mirar atrás; porque días antes ya había hecho algo mucho más profundo.

Había decidido borrar definitivamente su presencia de mi historia, no fue un acto de rabia, fue un acto de cierre quise quemar los puentes con ese capítulo de mi vida, porque ya pertenece a un pasado muy lejano; un pasado que no necesito que regrese jamás, ni siquiera para preguntar si yo estoy bien. 

Porque cuando algo ya cumplió su tiempo en nuestra historia, insistir en volver a tocar esa puerta solo trae recuerdos que ya no necesitamos, además hay algo que no puedo ignorar, su foto se perfil muestra claramente a su pareja y aun así decidió escribirme. 

Eso no solo me parece innecesario, también me parece una falta de respeto hacia mí pero sobre todo hacía la mujer que hoy comparte su vida con él; porque cuando una persona se respeta así misma, también respeta el lugar de la persona que está a su lado.

Hay personas que viven mirando hacia atrás, buscando en sus exparejas una especie de espejo, para ver si está mejor o está peor, para alimentar su ego. Pero cuando el ego es lo que habla, el corazón casi siempre guarda silencio. 

Y hoy entiendo algo muy importante: no todas las personas que regresan a tu vida lo hacen porque deban quedarse, algunas regresan solo para mostrarte cuanto has cambiado, antes quizás esa búsqueda me habría confundido, hoy no; hoy estoy en un lugar donde mi prioridad es mi paz.

Mi silencio, mi calma, mi reconstrucción y cuando una mujer está reconstruyéndose, aprende algo muy poderoso: no todo lo que vuelve merece volver a entrar.

Hay personas que pertenecen a capítulos antiguos de nuestra historia, capítulos que dolieron, capítulos que enseñaron, capítulos que, aunque fueron importantes ya terminaron, no los odio, pero tampoco los necesito en mi presente. 

Porque mi energía ahora está enfocada en algo mucho más valioso: sanar, crecer y encontrarme conmigo misma y en este nuevo camino hay algo que tengo muy claro: mi tranquilidad ya no es negociable. 

Con amor la autora. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Mi intuición: la voz que nunca me abandonó


Hubo momentos en mi vida en lo que todo parecía confuso, las palabras de otros me decían una cosa, las circunstancias parecían empujarme hacia otra, pero dentro de mi siempre existía una voz silenciosa que susurraba algo diferente, esa voz era mi intuición

Y durante mucho tiempo no la entendí, a veces la ignoré otras veces la dudé porque parecía demasiado sutil frente al ruido del mundo; pero con los años comprendí algo: la intuición nunca me había abandonado. 

Era yo quien, muchas veces había dejado de escucharla, la intuición no grita, no piensa, no intenta convencerte con argumentos interminables. 

La intuición susurra, es esa sensación inexplicable en el pecho cuando algo no está bien, es esa calma profunda que aparece cuando estás en el lugar correcto, es esa certeza tranquila que no necesita explicación. 

Muchas veces la mente quiere pruebas, quiere lógica, quiere seguridad absoluta; pero la intuición habla otro lenguaje, el lenguaje del alma

Hoy entiendo que la intuición también es una forma de guía espiritual, una brújula interior  que nos orienta cuando el camino se vuelve incierto. 

Cuantas veces mi intuición me advirtió antes de que algo ocurriera, cuantas veces me señaló que una persona no era lo que aparentaba, cuantas veces me empujó a dar un paso que la razón no terminaba de comprender. 

Y cada vez que decidí escucharla algo dentro de mí se alineó, por eso hoy la honro porque loa intuición es esa voz fiel que camina con nosotros desde siempre,; una presencia silenciosa que no se cansa de recordarnos quienes somos y hacia donde debemos ir.

Puede que el mundo esté lleno de ruido, opiniones y expectativas pero cuando aprendemos a volver hacia dentro, descubrimos algo hermoso:

La guía que buscamos afuera muchas veces ya viene dentro de nosotros. 

Y ahí, en ese espacio íntimo donde el alma habla sin miedos, mi intuición sigue estando como la voz que nunca me abandonó. 

Dios te bendiga. 
Con amor la autora. 

El discernimiento como superpoder espiritual


Hubo un momento en mi vida en el que entendí algo importante: no todo lo que parece bueno lo es y no todo lo que parece oscuro necesariamente viene para destruirnos. Ahí fue cuando comencé a desarrollar algo que hoy considero un superpoder espiritual: el discernimiento

El discernimiento no es juzgar, tampoco es desconfiar de todo, el discernimiento es la capacidad de sentir, observar y comprender lo que realmente está detrás de las palabras,  de las intenciones y de las situaciones. 

Es esa voz interna que nos dice: esto si y de aquí es mejor alejarse, antes yo confundía amor con tolerarlo todo; pero el despertar espiritual me enseñó algo distinto: Dios también nos dio inteligencia espiritual para distinguir.

El discernimiento empieza a despertar cuando decides escuchar más profundamente. 

Cuando ya no solo escuchas lo que alguien dice, sino la energía con la que lo dice cuando observas acciones y no sólo promesas, cuando sientes paz en unas personas y una comodidad inexplicable en otras; y esa incomodidad también es información.

Muchas veces el alma percibe lo que la mente todavía no entiende, con el tiempo aprendí que el discernimiento te protege de muchas cosas: de manipulaciones, de falsas apariencias, de relaciones que drenan tu energía y de caminos que no están alineados con tu propósito.

No es un poder mágico, es un músculo espiritual que se fortalece con la experiencia, el silencio interno y la conexión con Dios, cuando desarrollé discernimiento algo cambió dentro de mí; ya no necesitamos convencerá nadie de tu verdad.

Ya no necesitas quedarte donde tu alma sabe que no pertenece, simplemente ves más claro y cuando ves más claro también elegimos mejor.

Por eso hoy lo entiendo así: el discernimiento no es dureza, es sabiduría, no es frialdad es protección y no es desconfianza, es amor propio guiada por la luz de Dios. Porque cuando el discernimiento despierta tu espíritu aprende a caminar por la vida con los ojos del alma abiertos. 

Dios te bendiga. 
Con amor la autora. 




Alejarme también fue un acto de amor propio


Cuando decidí soltar todo aquello que le hacía daño a mi vida , a mis emociones mi amor propio volvió a mi y no fue fácil decir adiós a muchas personas, y a muchas circunstancias en mi vida; tuve que alejarme de familiares, de amistades que ya no eran sanos y de un amor que me hacía vibrar alto y que ame incondicionalmente pero que al mismo tiempo no valoraba mi esfuerzo. 

Mi vida cambió para bien, hacía mucho tiempo que no disfrutaba de quién realmente soy, hacía tiempo que no me divertía con lo más simple, hacía tiempo que no amaba lo que hago, hacía mucho no me vestía como yo quería y hacía tiempo que había dejado mi religión para encajar en esta sociedad; pero hoy he vuelto a mí y dejé a ese amor que nunca entendió lo que yo representaba en su vida.

Alejarme para mi fue el acto más importante de amor propio, fue como declararle la guerra simbólica a mis miedos,  a mis inseguridades, a mis ideas limitantes, y a los gustos de otras personas porque realmente me estaba fallando a mi misma al no mostrar mi verdadera yo para solo agradar a los demás. 

Fueron años los que yo siento que perdí pretendiendo ser quien no era, y cuando finalmente me mostré tal cual como yo soy comencé a valorarme, a priorizarme y a amar cada parte de mi.

Gané mi libertad, recuperé mi esencia, mi identidad y volví a ser la mujer que soy; volví a comenzar el romance conmigo misma y a tener mi verdadera amistad con Dios y finalmente todo cambio para bien en mi vida.

Hoy solo me queda decir: Gracias Dios, por rescatarme y envolverme en tus brazos; me sanaste emocionalmente y me librastes de las garras de mis opresores.

Dios te bendiga. 
Con amor la autora.