Cuando al fin comprendí y desperté espiritualmente me di cuenta que solo estaba distraída con las voces externas que solamente proyectaban sus carencias y malas acciones pero nada tenía que ver conmigo o mi esencia porque era algo meramente de ellos, de sus vidas; ya que solo reflejaban quiénes eran realmente ellos en su propio ser.
Fue entonces que ya nada del ruido externo me afectaba, lo que decían, lo que hacían y hasta lo que pensarán de mi, no importaba porque vivía más conectada con mi centro, con mi ser y con mi supremo Yo.
Aprendí a vivir más en paz conmigo misma y en esa quietud del silencio di las gracias por el ruido que me despertó y me volvió a mi magia, a mi existencia del presente.
Así que si alguna vez piensas que las personas en tu entorno te hieren o gestionan algunas pequeñas acciones que te incomoden recuerda; que no hay nada malo en ti, ni en ser como eres porque simplemente tú estás reflejando lo que ellos aún no han sanado pero tú sí.
Y está bien eso, porque cada ser humano tiene su propio proceso y decide sanar cuando esté preparado.
Hagamos un pequeño ejercicio de autoestima:
Todas las mañanas, tardes o noches según sea el horario de tu preferencia, mírate al espejo y reconocete como un ser único, hablate bonito con compasión para cambiar tu diálogo interno; por ejemplo:
" Soy linda, soy capaz, soy poderosa, soy abundancia, soy quién soy tal cual como Dios me creó " y así progresivamente y verás que tu aura y tu energía se potenciará y crecerás.
Con amor la autora.
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