lunes, 9 de marzo de 2026

Mi sombra también vino a enseñarme


Durante mucho tiempo pensé que la luz era lo único que debía habitar en mi, querías ser fuerte, positiva, espiritual, consciente y siempre estar bien.

Pero un día entendí algo que cambió mi manera de verme: mi sombra también estaba ahí para enseñarme, mi sombra no era mi enemiga era la parte de mí que había ignorado, reprimida o herida.

La sombra es todo aquello que no mostramos ante el mundo, los miedos que ocultamos, las inseguridades que negamos, las heridas que no hemos sanado aún y durante mucho tiempo intenté escapar de ella.

Intenté cubrila con frases positivas, con silencios, o con una fuerza aparente,  pero la sombra no desaparece cuando se ignora, sólo espera el momento en el que estamos listos para mirarla.

Y cuando finalmente la miré, entendí algo profundo y es que mi sombra guardaba partes de mi que necesitaban amor; en ella se encontraban mis heridas de abandono, mis dudas, mis momentos de debilidad y mi dolor no expresado.

Pero también estaba mi sensibilidad,  mi profundidad y mi capacidad de comprender a otros, la sombra no vino para destruirme vino a mostrarme lo que necesitaba sanar, cuando acepté eso dejó de ser oscuridad. 

Porque la verdadera transformación no ocurre cuando negamos lo que somos, sino cuando abrazamos todas nuestras partes; la luz nos guía, pero la sombra nos hace profundo.

Hoy ya no intento ser solo luz, hoy entiendo que soy equilibrio en ambas fuerzas; porque incluso en el camino espiritual la sombra también forma parte del despertar.

Dios te bendiga. 
Con amor la autora. 

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