jueves, 21 de mayo de 2026

Carta a mi pequeña yo interior

                                    

Querida niña, aquella que soñaba entre sus sábanas con un simple diario y un pequeño candado

Déjame decirte que todo aquello que escribías en silencio, con risas, con nervios, con rabia, con inocencia, con felicidad con entusiasmo y con lágrimas escondidas entre las páginas con sueños guardados entre líneas torcidas, y metas clara y precisas se nos hizo realidad. Y hoy quiero que te sientas orgullosa de la mujer en la que te convertiste y de la mujer en la que aún te estás convirtiendo.

Quizás no somos las docentes o las escritoras más famosas del mundo. Quizás nuestro nombre no aparece en enormes carteles de un mundo superficial, ni en las vitrinas llenas de premios. Pero hemos logrado algo mucho más valioso: y es tocar corazones. Se puede decir que más de mil corazones. Y quizá, sin darnos cuenta, ayudamos a más de miles de personas a reencontrarse consigo mismas, a volver a creer en el amor, en la empatía, en el respeto propio y en la importancia de poner límites donde antes solo existía silencio y dolor.

Aprendimos que no todo lo que amamos nos merecía. Que no todo lo que dolió fue castigo. Muchas veces fue enseñanza. Fue dirección. Fue la manera en la que Dios moldeó nuestro corazón para convertir nuestras heridas en propósito.

Sé que hubo noches donde te sentiste incomprendida. Donde escribías porque era la única forma de no romperte por dentro. Y míranos ahora… seguimos escribiendo. Seguimos sintiendo. Seguimos transformando el dolor en palabras que abrazan a otros.

Y aunque este viaje aún no termina, quería detenerme un momento para abrazarte a la distancia y recordarte algo importante: lo lograste. Todo aquello que soñaste mientras sostenías esa pequeña libreta y ese diario con candado, sí floreció.

Y lo que aún nos falta, mi chiquita… también llegará.

Porque todavía nos quedan páginas por escribir, sueños por cumplir, vidas por tocar y una versión más libre, más fuerte y más luminosa esperándonos adelante. Para ayudar a otras mujeres y hombres a encontrarse así mismo. 

Gracias por no dejar de creer.
Gracias por refugiarte en las palabras cuando el mundo dolía demasiado.
Gracias por resistir incluso cuando eras tan pequeña.

Con amor,
La mujer en la que te convertiste.

Que Dios te bendiga.

 Con amor la autora. 

Keila Reyes

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