viernes, 9 de enero de 2026

Cuando el cuerpo habla más claro que las opiniones

 



Hubo un momento en mi vida en el que entendí algo simple, pero profundo:

mi cuerpo sabía antes que yo.

Sabía cuándo algo ya no me hacía bien.
Sabía cuándo una conversación me drenaba.
Sabía cuándo seguir “cumpliendo” me estaba alejando de mí.

Pero yo insistía en escuchar afuera.
Las opiniones, los deberías, las expectativas.
Como si los demás habitaran mi cuerpo mejor que yo.

Con el tiempo aprendí que existe una línea muy delgada —pero muy clara— entre lo que realmente quiero hacer y lo que solo hago por presión.
Entre lo que me genera paz
y lo que, aunque parezca correcto, me desordena por dentro.

Mi cuerpo nunca me gritó.
Solo me quitó la calma.
Me tensó el pecho.
Me cansó sin razón.
Me pidió silencio cuando yo seguía explicándome.

Hoy entiendo que escuchar al cuerpo no es huir de la vida.
Es habitarla con verdad.

No todo lo que los demás esperan de mí merece mi energía.
No todo lo que puedo hacer, debo hacerlo.
Y no todo lo que se ve bien desde afuera se siente bien por dentro.

Aprender a elegir la paz no me hizo egoísta.
Me hizo consciente.

Porque cuando algo me da paz, mi cuerpo se expande.
Y cuando algo me genera descontrol, por más lógica que tenga, ya no me pertenece.

Hoy me escucho más.
Y explico menos.

Con amor la autora.

Keila Reyes 

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