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domingo, 9 de noviembre de 2025

🌙 Volver a respirar después del silencio

 


Entonces comprendí lo que era la apnea emocional: esa sensación de quedarte sin aire en medio de la ansiedad, cuando tu cuerpo respira, pero tu alma no.

Durante tanto tiempo viví dentro de un círculo narcisista tan destructivo que poco a poco dejé de existir en mí misma. Me quedé en pausa, callada, sin voz, sin fe… como si la vida me observara desde lejos.

Hay un tipo de asfixia que no viene del cuerpo, sino del alma.
Esa que te hace sentir que ya no hay aire suficiente para sostenerte, que incluso respirar duele. Pero también hay un momento —a veces pequeño, a veces divino— en que entiendes que Dios fue quien te dio el privilegio de respirar, y solo Él puede quitártelo.
Y ahí, justo ahí, empieza el milagro: cuando oras y, sin saber cómo, el aire vuelve.

Mis días y mis noches después de salir de ese infierno han sido un proceso de aprender a respirar de nuevo:
respirar sin miedo, sin culpas, sin depender de la validación de alguien que nunca me vio de verdad.
He aprendido que salir con vida no solo significa seguir aquí, sino volver a sentir, volver a crear, volver a ser.

Hoy miro atrás y sé que aquella apnea emocional fue mi cuerpo gritándome que ya era suficiente, que necesitaba soltar.
Y aunque aún hay noches en las que el aire me tiembla, cada amanecer me recuerda que estoy viva… y que nadie tiene poder sobre mi respiración, excepto Dios.

🌹
Porque sobrevivir no es el final, es el comienzo de una nueva forma de amar la vida.

Con amor la autora.

Keila Reyes 

lunes, 3 de noviembre de 2025

💔 Cuando el alma se cansa, pero no se rinde

 

A veces me pregunto qué quiere Dios de mí.

He intentado hacerlo todo bien: creer, tener fe, escribir desde lo más profundo de mi alma, transformar el dolor en algo que pueda ayudar a otros. Pero hay días en que todo se siente injusto. Días en los que el cuerpo tiene hambre y el alma, cansancio. Días en los que miro al cielo y solo me sale decir: ¿por qué, Dios? ¿Por qué tanto silencio?

Hice un libro con todo mi amor, con mis cicatrices, con mi verdad. Lo escribí con las manos temblando, con el corazón roto, con la esperanza de que alguna mujer perdida entre sus ruinas pudiera leerlo y no sentirse sola.
Y, sin embargo, no siempre llega la respuesta, ni las ventas, ni el reconocimiento que uno espera.

Pero ¿sabes qué he comprendido?
Que no todos los milagros se ven. Que hay bendiciones que crecen en secreto, lejos del ruido. Y que aunque me duela, este también es un proceso divino: aprender a seguir creyendo cuando nada parece tener sentido.

Mi libro no es un fracaso. Es una ofrenda.
Y tal vez aún no ha llegado a las manos correctas, pero llegará. Porque todo lo que nace del alma, tarde o temprano, encuentra su destino.

Hoy no tengo todas las fuerzas, ni todas las respuestas. Pero sigo aquí, sobreviviendo, respirando, orando… confiando, aunque duela.
Porque incluso en medio del cansancio, sé que Dios no me ha soltado.

Con amor la autora.